lunes, 8 de octubre de 2012

Ciego gen egoísta y lúcido altruismo

   El aprendiz tiene miedo, miedo de sí mismo, de autoengañarse, de ir por el camino equivocado pensando que es el camino correcto, tiene miedo de sus propios pensamientos y sentimientos. De que el tiempo se acabe, de que su fe, su esperanza y su amor sean vanos. Intenta hacer su trabajo lo mejor que puede, entregándose con los cinco sentidos, pero.... ¡Ay! ¡Dios mío! ¡La educación de los niños!
Ahí se le van todas las energías. Aún no sabe recargarse en cada instante. Medita e intenta reflexionar, la verdad sea dicha, siempre con miedo a equivocarse, pero intenta con todas sus fuerzas ser constante.

   Los hechos, tanto naturales como culturales, son objeto del conocimiento humano. Este conocimiento humano, convertido en hecho humano, repercute en los hechos naturales y culturales.
   Una consciencia errónea sobre los hechos que se suceden en la naturaleza y en la cultura lleva a cambios perniciosos para la Humanidad y para el resto de las realidades factuales en las que la Humanidad se inserta.
   Es en este sentido que haya que denunciar por falaces y perversas las corrientes dominantes de la ideología darwinista genetista.
   La mentalidad de la mayoría de las personas de una sociedad es consecuencia de la ideología dominante por vía de ideas religiosas y o científicas.
   Ahí está el quid. Ese es el germen de todos los cambios que se hayan producido, se producen o se produzcan en el hombre, en su economías, en su sociedades y en sus estructuras de poder.
   Hace falta saber qué ideas llevan a unos hombres y a unos mundos más felices, y qué ideas llevan a unos hombres y a unos mundos más desgraciados.
   La idea decisiva, el punto axial en  torno al que giran todas las doctrinas y sistemas filosóficos y religiosos está en la respuesta a la pregunta: ¿Tiene el ser humano libertad o está predestinado a ser un subproducto de la ciega genética?
   La ideología dominante sostiene que los seres humanos son esclavos de sus genes, de sus instintos, de sus pasiones, y que salud o enfermedad, guerra o paz, justicia o injusticia, armonía o caos, son consecuencias de la irremediablemente egoista y mala condición humana.
   La Historia de la Humanidad sobre el planeta Tierra evidencia que, en efecto, el egoísmo ha sido la causa de los peores males. el hombre primitivo es el más egoísta. Caín mata a Abel. La supervivencia sobre la base de un egoísmo absoluto es imposible. Por ello el hombre se asocia a otros hombres y recorta su egoísmo. De la familia al clan, del clan a la tribu, de la tribu a la nación, de la nación a la raza, de la raza a la humanidad, de la humanidad a la universalidad.

   Los hombres son alfareros de su propio barro, forjadores de su propio hierro. Cierto que hay un karma, una dotación genética, una sustancia dada de unas ciertas características, pero no es menos cierto que los hombres pueden cambiarse a sí mismos y a lo que les incumbe.
   Con un trozo de hierro se puede hacer un tanque o un tractor.
   El gen egoísta y el destino inapelable son falacias insostenibles en la realidad de la experiencia. Es la libertad la que nos eleva sobre la ciega materia, el ciego evolucionismo genético.

   Los seres humanos no tienen la más mínima posibilidad de salvarse solos. Igual que alguien con un simple dolor de muelas, no puede sentirse agusto, ningún miembro de la especie humana puede sentirse feliz minetras haya otros, como él, sufriendo por falta de alimento, de libertad, de justicia, de salud, de paz o de armonía.
   El hombre consciente de que el dolor, que parece ajeno, también es propio, sólo puede alcanzar un mayor grado de felicidad si hace todo lo que puede hacer para minimizar el dolor ajeno, que no puede dejar de ser propio.
  

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