El mundo humano, aquello que los hombres hacen en el planeta tierra, ha entrado en una fase crítica, en lo que los cosmólogos llamarían una singularidad.
Después de dos siglos de cambios económicos, políticos, sociales e ideológicos, se ha llegado a un punto decisivo. Si bien los descubrimientos en todos los órdenes han engendrado la posibilidad de más salud, más paz y más armonía, en la realidad no se ha mejorado todo lo que se pudiera mejorar.
La vida contemporánea es más larga y más cómoda, más libre, más pacífica y más salubre que nunca. Las posibilidades de mejora tendrían que invitar al optimismo, sin embargo, a pesar de los incuestionables avances positivos en todos los planos de la existencia, la Humanidad sigue padeciendo malestares físicos y mentales perfectamente evitables, guerras perfectamente liquidables y ecosistemas más sostenibles y armoniosos.
Hemos entrado en una fase crítica en la mejora de las condiciones de vida de la Humanidad, pero no porque no sea posible construir un mundo mejor, sino porque no se sabe bien cómo hacerlo, cómo aprovechar el conocimiento que en todos los sentidos se poseen, para hacer que todos los hombres vivan más felices.
Las soluciones a los grandes retos y problemas del presente exigen operaciones económicas,, políticas, sociales e ideológicas distintas a las actuales.
No hay política, ni economía, ni sociedad, que no se hayan originado o se originen sin ideas, ni que se sostengan y perpetúen sin ideas.
Sólo un cambio a mejor en lo ideológico, en lo que acaba siendo mentalidad de la gente, puede hacer que la Humanidad viva y muera de forma más feliz.
La consciencia es el agregado de facultades humanas que han permitido avanzar desde la antropofagia, los sacrificios humanos y las guerras de exterminio, hasta la piedad, el amor y la no violencia.
El proceso de crecimiento de la consciencia no es ineluctable, no es efecto de una supuesta programación genética , sino que más bien es consecuencia de la transmisión generacional de los conocimientos adquiridos sobre las fórmulas para alcanzar un mayor grado de felicidad.
La ideología es el fruto de la consciencia. Cuanto mayor es esta, mejor es aquella.
toca cambiar la ideología dominante: imperialista, nacionalista, genetista y clasista, por otra que no se base en el dominio ventajista de unos grupos humanos sobre otros, sino en la integración pacífica y armoniosa de todos los seres.
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