viernes, 13 de julio de 2012

Las cuevas de Alí Babá.

   Los lodos de este cenagal de deudas, paro y corrupción que es hoy España son consecuencia directa de los polvos de la transición entre la dictadura franquista y la democracia monárquica. El problema mayor no estuvo en que se partiera España en 17 pedazos sino más bien que no hubo un cambio moral que trazara una nítida frontera entre el viejo y el nuevo orden político. A todo el mundo parece que se le ha olvidado que la dictadura fue un régimen corrupto. No hubo una reflexión sobre las perversiones del sistema impuesto por las armas, al contrario, se hizo todo lo posible por enterrar la memoria.
   La nueva clase política asentó su poder en la información privilegiada, el comisionismo o coima, y el control de las Cajas de Ahorro. Los que fueran subsecretarios o directores generales en el postrer franquismo, ejercían de ministros socialistas y apostaban a la Bolsa por unas firmas empresariales a las que previamente habían dado trabajos a cambio de comisiones. Toda esta corrupción política y económica se acabó trasladando a las 17 Comunidades Autónomas. Las malas costumbres se extendieron  desde Andalucía hasta Cataluña y desde Galicia hasta las Baleares. Por todos lados se hacía el egipcio con la manita detrás para recoger la mordida.
   Sería imposible encontrar en toda Europa un país en el que se hayan denunciado más casos de apropiaciones indebidas, pero aún y así las condenas han sido mínimas y sólo muy excepcionalmente cumplidas. Banqueros, ministros, jueces y hasta miembros de la familia real se han visto envueltos en juicios por prevaricación y otros delitos contra las leyes vigentes. Se han hecho inmensas fortunas que se han escondido nadie sabe en que cuevas de Ali Babá.
  

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