Los seres humanos necesitan una consciencia más clara de su destino en el mundo. ¿Para qué han nacido? Para vivir y morir con la mejor salud, en paz con sus congéneres y en armonía con el mundo.
El destino del hombre no está escrito en los genes, sino en el alma, en ese impulso que eleva a los seres humanos desde la antropofagia a la piedad y la misericordia, y desde la piedad y la misericordia hasta el amor.
Si los hombres, en su ignorancia, se empeñan en seguir los caminos que conducen a la enfermedad, la guerra y el caos, vivirá y morirá sufriendo.
lunes, 9 de julio de 2012
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