Al hombre del siglo XXI parece que se le han atrofiado los sentidos espirituales. Nunca hubo tantos pobres de espíritu. Las religiones institucionalizadas no conservan ya más que un resto de cáscara sin germen.
La ciencia carece de alma. Pero no hay felicidad posible sin espíritu de perfección, sin espíritu de creación, sin espíritu de salud, de paz y de armonía.
La propaganda del "status quo" asusta con deudas y rescates, con infiernos de paro y pobreza.
El pesimismo y la desesperanza, el egoísmo y la desconfianza infestan las mentes.
Cuando la fruta esté madura caerá por su propio peso.
Llegará el día en el que lo que parecía atrofiado crecerá por donde menos se le espera.
Contaminan nuestras mentes, pero no contaminarán el Espíritu.
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