El que trabaja con palabras trabaja con sombras de sombras. Las palabras se hacen en la sobra de su memoria, que es una sombra de su vida. Puede que su vida no sea también una sombra de otras sombras. Atravesar las sombras señala la misma idea que descorrer los velos.
Cuando se trata de intentar comunicar con palabras vivencias para las que no hay palabras el escritor ha de ser por fuerza críptico, hermético y paradójico, con la intención de asombrar.
No se trata de hacer entendible algo, sino de hacerlo vivible.
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