Todas las religiones emplean la meditación como vehículo para acercarse a lo Innombrable. En cualquiera de sus versiones, con cualquiera de sus métodos, limpia la mente de pensamientos fútiles y el corazón de sentimientos mórbidos.
Tomar la decisión de meditar es difícil. La mente y el corazón se rebelan, temerosos de perder el control. Es algo inconsciente. Una vez tomada la decisión, la mayoría de las personas se sorprenden por lo pronto que uno se acostumbra a hacerlo. De los cinco o diez minutos de las primeras sesiones se pasa rapidamente a la media hora, y antes de un año se medita durante una hora sin apenas esfuerzo.
viernes, 18 de noviembre de 2011
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