Dar un paso en el mundo de los sueños lúcidos, de la imaginación creadora, tiene más mérito y da más conocimiento y felicidad que dar la vuelta al mundo parando en las doce ciudades que hoy son los doce pilares del mundo.
Antes de que la ciudad de San Francisco fuera construida, hubo un alma que la soñó.
Las sombras del mundo espiritual brillan más que las luces de los trillones de estrellas del mundo físico.
San Francisco fue antes un mundo feliz y bello en la imaginación creadora de un santo.
Los ranchos de Punta Reyes guardan las vacas del sacrificio. Los esteros de la Bahía de Drake contienen las aves para la ofrenda por el nacimiento de nuevos niños.
Un alma pacífica vale más que un millón de Pacíficos.
viernes, 9 de septiembre de 2011
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