FINAL DE CURSO
El aprendiz lleva más de treinta años rodeado de niños, en la isla va para veinte. Le ha tocado bailar con las más feas, y mal que bien ha cumplido con creces. Se siente cansado, con ese tipo de cansancio que es la antesala del agotamiento.
Siempre ha intentado pasar desapercibido, pero para su desgracia no lo ha logrado.
Dos años antes de abandonar su anterior trabajo en Madrid, en un barrio lindante con el yermo, tuvo un sueño. Plantaba los pies sobre una fértil tierra negra en la que penetraba un caño de agua. Lo entendió como una premonición y allás que se marchó.
Le cuesta horrores pensar, en un estado de abatimiento severo. Siente que ha dado hasta la última esquirla de su energía, pero aún le quedan trabajos por hacer.
Tan admirado y querido como despreciado y celado. Si le hubiesen dado a elegir antes hubiese preferido no ser tan querido para no ser tan celado.
Siempre ha intentado pasar desapercibido, pero para su desgracia no lo ha logrado.
Dos años antes de abandonar su anterior trabajo en Madrid, en un barrio lindante con el yermo, tuvo un sueño. Plantaba los pies sobre una fértil tierra negra en la que penetraba un caño de agua. Lo entendió como una premonición y allás que se marchó.
Le cuesta horrores pensar, en un estado de abatimiento severo. Siente que ha dado hasta la última esquirla de su energía, pero aún le quedan trabajos por hacer.
Tan admirado y querido como despreciado y celado. Si le hubiesen dado a elegir antes hubiese preferido no ser tan querido para no ser tan celado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario