Madrid. A veinte metros al norte del la plaza de Chueca, una cola de hombres de mediana edad espera a que le den un desayuno. Larga fila de seres humanos, uno a uno, pobres de solemnidad, víctimas de la crisis. Dependencias de una iglesia.
Hay curas pederastas, como hay políticos pederastas o médicos pederastas. Y hay curas caritativos que todavía se ocupan de dar de comer a los hambrientos.
Ser público anticlerical cuando los curas eran ricos y sostenían a los ricos podía costar la vida, a mi abuelo lo fusilaron por serlo en el 36, pero hoy en día, es más nauseabundo ser político.
Me dan arcadas cada vez que leo o escucho lo que dicen los políticos sobre la crisis. No me gustaría verlos en las colas de la caridad, pero me daría sumo gusto que devolvieran lo que han robado.
Asco de ladrones con cargo al presupuesto.
lunes, 17 de mayo de 2010
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