miércoles, 4 de agosto de 2010

Viaje

El aprendiz y la mujer viajan juntos. Tranquilos, relajados, sin prisas, abriéndose a los paisajes por entre los que el coche avanza . Montes de Alcalá de Henares, este año más verdes por las lluvias copiosas. Guadalajara. Carretera y manta.
Medinaceli: pueblo, castillo y arco alzados en lo más alto. Plaza ancha con palacios, casonas y soportales luengos.
El río Jalón baja despacio entre riscos y desfiladeros de colores naranjas, ocres y rojos.
Santa María de Huerta. Mediodía de sol justiciero. El monasterio duerme ya la siesta . El río aviva el paso entre verdores de plantas salvajes.
El Jalón se casa con el Jiloca. Calatayud es testigo del festín de los esponsales. Grande ciudad, lugar de encuentro de sabios en su medievo largo y esplendoroso. Mora, judía y cristiana. Bellas torres, bellas plazas, estrechas calles, coloreadas casas. Calatayud , llena de gracias.
Los viajeros están cansados, pero sus almas están hambrientas de paisajes, y siguen carretera adelante hasta colocarse en paralelo con el río Peregiles. El valle está tan bien cultivado, que si hubiese premios de agricultura habría que darlos a sus gentes. Sus frutales son ubérrimos y sus frutas sabrosas.
Prohibido pasar por obras. Carreteras de cuarto orden y tranquilidad total. En Herrera de los Navarros hay una torrecita mudéjar, primorosa, armonía en lo pequeño.
Belchite, memoria de horror reciente, ruinas de guerra, tiempo de sudario negro.
Hacia Hijar, campos de pan del Bajo Aragón.
El sol ya no se ve cuando llegan a Alcañiz, ciudad construida en la ladera de un monte en cuya cima se alzan monumentos de un tiempo en el que la Ciudad de la Concordia se erguía junto a su castillo entre Aragón, Cataluña y Valencia. Historia y Arte.

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