El proceso de integración-desintegración de instituciones políticas, sociales ideológicas y lingüísticas no es, como se suele pensar como un círculo vicioso, sino como una espiral dinámica. En el proceso de aglutinación-separación, el primer término es dominante en el tiempo y el segundo, recesivo.
No hubo en ningún tiempo histórico anterior una organización política tan integradora como la ONU, ni un sistema económico tan integrado como el capitalismo, ni un discurso ideológico tan extendido como el cientifismo, ni un idioma tan hablado como el inglés. Pero con la dinámica dominante, integradora, coexiste la dinámica contraria, separadora.
Regiones integradas en otras épocas históricas, como España, Yugoslavia o Bélgica sufren tensiones separadoras. En España, los tardonacionalismos, pugnan por imponer sus particulares lenguas, limitando el uso del español hablado por más de la mitad de sus respectivas poblaciones, al ámbito privado. Atiéndase que el español es hablado en todo el mundo por trescientos cincuenta millones de personas y el catalán, el más extendido de estos idiomas, por cinco millones.

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