viernes, 23 de julio de 2010

Fe

El aprendiz apenas alcanza a sentirse, con mucho orgullo por su parte, el último fiel. Pero no fiel a una religión, ni a un dogma, ni a un dios mental, sino a lo que no se nombra y que emana salud, paz, armonía, alegría, felicidad, amor en suma. Todas estas emanaciones alcanzan una calidad cada vez más alta, hasta alcanzar la fuente original de la que todas manan.
El aprendiz tiene miedo de que su fe sea como una semilla vana, porque se siente débil e indefenso, perdido en una espesura de altos riscos y profundas gargantas y acantilados. Hacia el abismo, un alud sepultó la senda, hacia el cielo rocas que se erizan por todos lados, como un laberinto construido por la diosa Gea.
Creer que la Providencia te cuida es tener fe. El aprendiz lo sabe, pero duda.

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