De lo sublime a lo cutre
Hace algún tiempo que no leo novelas. Agotado por el durísimo trabajo de educar infantes, no me quedan fuerzas físicas ni mentales para esa tarea. En todo caso, luego de haber probado el sabor de las obras añejas, las obras nuevas que he leido no me han gustado. "El código da Vinci", "La sombra del viento" o "El niño con el pijama de rayas", no me han emocionado demasiado. Por eso cuando mi mujer me ha regalado una novela de un chino, no he mostrado ningún entusiasmo. Leí la novela más conocida del último premio Nobel nacido en China y no me entusiasmó. Pero como quiero a mi mujer, que siempre me da la vara, de que voy de sobrado, he abierto "¡Vivir! de Yu Hua y he empezado a leerla. Tengo que parar cada diez páginas porque se me encoge el corazón de sentimiento. Si los hombres naciéramos con consciencia vivir sería un gozo permanente, pero como nacemos ignorantes, pasamos un tercio de la vida cometiendo errores y haciendo daño, otro tercio pagando por ello, y el resto empezando de nuevo.
Con las fuerzas mermadas hasta el límite, me drogo con Salvame, un programucho hediondo en el que una docena de personas deponen, regurgitan y esputan y luego se revuelcan en sus propios excrementos, vómitos y gargajos. No se puede caer más bajo. Mis hijos me lo dicen. No sé como ves eso.
Hace algún tiempo que no leo novelas. Agotado por el durísimo trabajo de educar infantes, no me quedan fuerzas físicas ni mentales para esa tarea. En todo caso, luego de haber probado el sabor de las obras añejas, las obras nuevas que he leido no me han gustado. "El código da Vinci", "La sombra del viento" o "El niño con el pijama de rayas", no me han emocionado demasiado. Por eso cuando mi mujer me ha regalado una novela de un chino, no he mostrado ningún entusiasmo. Leí la novela más conocida del último premio Nobel nacido en China y no me entusiasmó. Pero como quiero a mi mujer, que siempre me da la vara, de que voy de sobrado, he abierto "¡Vivir! de Yu Hua y he empezado a leerla. Tengo que parar cada diez páginas porque se me encoge el corazón de sentimiento. Si los hombres naciéramos con consciencia vivir sería un gozo permanente, pero como nacemos ignorantes, pasamos un tercio de la vida cometiendo errores y haciendo daño, otro tercio pagando por ello, y el resto empezando de nuevo.
Con las fuerzas mermadas hasta el límite, me drogo con Salvame, un programucho hediondo en el que una docena de personas deponen, regurgitan y esputan y luego se revuelcan en sus propios excrementos, vómitos y gargajos. No se puede caer más bajo. Mis hijos me lo dicen. No sé como ves eso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario