Cada día se puede aprender algo nuevo, pero para eso se necesita estar en un estado de ánimo expansivo. Cuando el alma se retrae sobre sí misma se piensa y se siente como si nada más pudiera ofrecernos de nuevo la vida.
Disfrutemos del período expansivo y aprendamos todo lo que podamos y enseñemos todo lo que aprendamos.
Esta tarde en la escuela les he escrito a los niños, y también niñas, un par de párrafos del poema de Gilgamesh, sobre un diluvio. Las descripciones daban miedo, con sus vientos huracanados y sus tormentas desencadenadas. Luego hemos hablado sobre los movimientos inesperados de la tierra, el viento y la lluvia. No es fácil ponerse en la piel del que sufre lejos, pero si se pone a los niños en la piel de su propio sufrimiento habremos adelantado algo.
Es así que pasamos a hablar del miedo, de situaciones de miedo. Sólo unos muy pocos habían sentido el miedo en estado de vigilia. Así que nos fuimos más hondo y nos metimos en los sueños, en particular en las pesadillas.
Sorprendente la cantidad de manos levantadas. Hicimos una investigacion sobre el tipo de pesadillas que se repiten. La totalidad de los alumnos de nueve a diez años habían tenido la pesadilla de perder a los padres. Un miedo real y bien profundo. Tal vez así les sea más fácil ponerse en la piel del que ha perdido un padre o una madre, o un hermano o un amigo.
Una killita bastante amiga mía contó que en cierta ocasión tuvo una pesadilla tan grande, que para despertarse se tiró de la cama al suelo. Pero el caso más prodigioso es el de una niña que pasa por ser de las más atrasadas del curso. Nos contó que ella era capaz de cambiar a voluntad sus sueños. No negaré que hubo un murmullo de admiración.
miércoles, 3 de marzo de 2010
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